Su papá supo que había nacido a través del «Mensaje al poblador» y hoy es la voz detrás del micrófono en Chubut
Karina López creció pendiente de la radio como único puente con sus seres queridos. Años después estudio locución, lo convirtió en su oficio y hoy acompaña a quienes aún encuentran en el aire una forma imprescindible de comunicarse en la meseta patagónica.
Karina López, la voz detrás del "Mensaje al poblador rural". (Foto: Gentileza).
Antes de que su nombre apareciera escrito en su DNI, ya circulaba en un papelito que llegó hasta las manos del locutor de Trelew, en Chubut. Imagina que sonó así: «Para Arsenio López, en estancia de Canuto. Su esposa le comunica que hoy nació Karina. Madre e hija se encuentran bien». Desde ahí, la niña que se transformó luego en locutora creó un lazo invaluable con el «Mensaje al poblador rural», el segmento que une a los habitantes distantes en el campo.
Hoy es Karina quien transmite a veces buenas noticias, otras no tanto, en LU20 Radio Chubut. «En la misma radio donde pusieron el mensaje de mi nacimiento estoy trabajando ahora», contó a Diario Río Negro. A través del éter, vivió momentos bisagra de su vida, como su nacimiento y la muerte de su padre.
Terminó de hacer los papeles de defunción y mandó un mensaje al poblador para que comunicaran el fallecimiento. Fue en su auto hasta una calle cerca de la casa de su mamá y se estacionó. A las 11:30 subió el volumen y escuchó: «El día 7 de julio a las 7:15 de la mañana ha dejado de existir en la ciudad de Trelew, don Arsenio López». Allí lo entendió. «Necesité escuchar el mensaje. Era la constatación de que sí, mi papá había fallecido», relató.

Unidos por el éter en la meseta de Chubut
Karina nació el 10 de julio de 1980 en Trelew, pero se crio a 200 kilómetros de la ciudad. Se reconoce como «la orgullosa hija de un paisano peón rural y de una cocinera de campo». Así, su infancia transcurrió entre estancias y establecimientos de la meseta patagónica, siguiendo los trabajos de su padre por lugares como Canuto, San Jorge, Las Plumas, Gobernador Costa, José de San Martín, Uzcudun, Arroyo Verde y otras zonas rurales.
Alejada de la urbe, cuando era niña esperaba ansiosa la transmisión. «En el campo la radio era todo: compañía, información y el puente con los que estaban lejos. Nosotros esperábamos el mensaje al poblador como algo cotidiano. Era la forma de saber de los demás, de enterarnos qué pasaba, de sentirnos comunicados», resaltó.
Karina era la menor de sus hermanos. Como se llevaban muchos años, casi no vivió con ellos y la radio se transformó en un puente para mantener el contacto. “Mi hermana, por ejemplo, me avisó cuando nació mi sobrino por un mensaje al poblador rural”, contó. Así se enteraban de que iban a visitarlos para las fiestas o enviaban un «feliz cumpleaños».
Y también llegaban las malas noticias un tanto camufladas. Una vez, en la zona de Las Plumas, su hermana Graciela avisó por radio que iría al campo para festejar su cumpleaños, pero una gran llovida les cambió los planes. “En el medio, lo único que supimos fue que, por la crecida del zanjón, ellos no habían podido llegar”, recordó la locutora. Recién después supieron que habían intentado cruzarlo y que el agua había arrastrado el auto.
En la meseta, la radio era el hilo que avisaba quién venía, quién no llegaba, quién nacía, quién fallecía. Con pilas a la mano, extendían la antena y se sentaban a escuchar rigurosamente a las 7, las 11:30, las 13, las 16:30, las 19 y las 21.
Detrás del micrófono
Karina siempre tuvo una fuerte conexión con la radio. Algunos recuerdan que quería ser locutora “desde chiquita”, otros le dicen que desde la secundaria. Aunque no recuerda cuándo surgió su vocación, lo cierto es que siguió una corazonada hasta el aire de LU20 Radio Chubut.
Estudió en el Instituto Superior de Enseñanza Radiofónica (ISER), en la sede de Trelew. En el medio se enfermó su mamá y tuvo que sortear algunos altibajos, pero terminó la carrera. «Me recibí en marzo del 2006, el 24 de marzo del 2006, y el 4 de julio del 2006 entré a la radio«, recordó.
Ahora era ella la que estaba detrás del micrófono. “Para mi viejo, la radio siempre fue el reloj que marcaba el tiempo del campo. Durante años, dependió de ese aparato para saber de nosotros. Pero cuando yo empecé a trabajar en la misma emisora, las cosas cambiaron. Él no salía a recorrer ni a trabajar hasta que me escuchaba al aire. Para mí, saber que él me esperaba para empezar su día no era solo trabajo: era la certeza de que, aunque yo estaba en la ciudad y él en el campo, seguíamos conectados a través de la misma señal que nos había unido desde el día en que nací”, enfatizó.
Con el tiempo, “Mensajes al poblador” cambió, arrastrado por la virtualidad. Ya no dejan papelitos en la radio, sino que se mandan WhatsApp. La vida en el campo también se modernizó con antenas de internet satelital, pero siguen esperando el horario tradicional para recibir las actualizaciones familiares.
Reconoció que, de vez en cuando, el segmento pierde solemnidad y deja traslucir un costado pícaro. Contó que con la llegada de WhatsApp empezaron a filtrarse bromas, mensajes escritos con tanta prolijidad que, a veces, parecen verdaderos. Se «morfó» una cargada futbolera al aire: «Caí como la mejor y no me di cuenta».
La radio la acompañó toda su vida y cree que lo hará hasta el último día. «Algún día mi fallecimiento va a estar en un mensaje al poblador rural, porque la muerte es parte de la vida. Espero que falten muchos años para eso», imagina Karina. Le gusta pensar que todo terminará como empezó.

Una huella de ida y vuelta
Además del “Mensaje al poblador rural”, Karina López encontró en Una huella de ida y vuelta otro modo de contar de dónde viene. El programa, que conduce los domingos de 9 a 13 por LU20 Radio Chubut, nació como un espacio propio, pero también como una extensión de su historia: la de una mujer criada en la meseta que volvió al aire para hablarle a ese mismo mundo que la formó.
Desde ese micrófono, Karina empezó a unir recuerdos, música, relatos camperos, entrevistas y voces de quienes habitan los campos y pueblos de la Patagonia. El nombre no es casual. La huella es la marca del camino recorrido, pero también el regreso: de la ciudad al campo, de la infancia a la adultez, de la oyente que esperaba mensajes a la locutora que ahora los transmite.
Con el tiempo, el programa también empezó a moverse. Karina llevó Una huella de ida y vuelta a distintos puntos de Chubut, con transmisiones desde localidades y fiestas populares donde la radio volvió a instalarse como punto de encuentro. Allí donde había una historia rural, una celebración, una jineteada, una peña o una voz para rescatar, ella buscó hacer pie con el micrófono.
Ese recorrido incluso cruzó los límites de la provincia. Una de sus experiencias más significativas fue transmitir desde Buenos Aires, lejos de la meseta pero con la misma tonada afectiva. Para Karina, sacar el programa de la radio y llevarlo a otros escenarios fue una forma de demostrar que el campo también puede sonar en la capital, que las distancias se achican cuando una voz encuentra frecuencia y que la Patagonia no solo se cuenta desde lejos: también habla por sí misma.
En esas salidas al territorio, Karina también encontró una manera de ampliar el alcance de su trabajo. Las redes sociales se volvieron una herramienta clave para mostrar el detrás de escena de cada transmisión, compartir fragmentos del programa y acercar la vida rural a oyentes que no necesariamente crecieron con la radio como compañía cotidiana.
Ese “trabajo de hormiga”, como ella lo entiende, le permitió tender nuevos puentes entre generaciones. “Una huella de ida y vuelta es mi manera de volver siempre al lugar de donde vengo. Es llevar la voz del campo a otros lugares y demostrar que la Patagonia también habla por sí misma”, resaltó Karina.
Antes de que su nombre apareciera escrito en su DNI, ya circulaba en un papelito que llegó hasta las manos del locutor de Trelew, en Chubut. Imagina que sonó así: "Para Arsenio López, en estancia de Canuto. Su esposa le comunica que hoy nació Karina. Madre e hija se encuentran bien". Desde ahí, la niña que se transformó luego en locutora creó un lazo invaluable con el "Mensaje al poblador rural", el segmento que une a los habitantes distantes en el campo.
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