Recuerdos entrañables de Roca: ciudad hecha de historias sencillas
El pasado de Roca no sólo está presente en sus edificios antiguos, sus empresas o en la trayectoria de sus instituciones: son sus vecinos y vecinas, la calidez de sus personajes, las postales de otro tiempo y más, las que han aportado a construir una identidad que se refuerza, generación tras generación.
La esquina de 25 de Mayo e Italia, en los '90 - Foto: Gentileza Museo Vintter.
Desde RÍO NEGRO, con datos del Archivo de este medio, pero también con el valioso aporte del Museo Vintter, seleccionamos apenas al algunas de esas historias y momentos, para repasar juntos y movilizar anécdotas, del pasado lejano, pero también del reciente.
Buscar al pan de cada día

Hoy una zapatería ocupa su lugar, después de mucho tiempo de ver este local cerrado, con sus molduras y detalles de fachada invitando a imaginar el pasado. Pero hay quienes recuerdan que en su interior se vendían las galletas trinchas, de campo, las más ricas, las que buscaban tanto los vecinos del pueblo como los de las chacras, en una época de intensa vida rural.
Ubicada sobre calle Italia casi 9 de Julio, Apestegui era el apellido de los dueños de este bello comercio, cuyo interior quedó inmortalizado en esta imagen que guarda el archivo del Museo Vintter.
“La Estrella” era el nombre de esta panadería, donde Ubaldo, Eve y demás familiares recibían con calidez, solidaridad y buen humor a cada familia que llegaba por un kilo de pan francés, flauta grande, felipe grande y facturas inolvidables.
Entre bares y la parada del colectivo

Una misma intersección de calles concentra toda una vida de historia urbana en Roca. Al sur de las vías, lo que supo ser una estación de servicios de YPF, junto a la terminal de la Cooperativa El Valle, en 25 de Mayo e Italia, se transformó en los ‘90 en un imponente supermercado.
Reflejo de esos años son estas fotos que también pertenecen al archivo del Museo Vintter, en las que aún se puede ver lo que fue la recordada Casa Tía y a su derecha, el icónico bar al paso, «Caminito», donde se compartieron miles de momentos entre vecinos, picadas, almuerzos y tragos de por medio.
En diagonal, del lado norte del tendido ferroviario, la vereda de 9 de Julio casi Italia, a metros de la panadería “La Estrella”, también sirvió para ese hábito, junto a lo que supo ser la parada de las empresas de colectivos tras la demolición de la antigua terminal. Allí se podía ver a las unidades de las empresas Koko, El Valle, Centenario, Caraza y más, junto al bar de Gussi, como dice el cartel en lo alto.
Todo antes de que se inauguraran las dársenas que hoy concentran el movimiento del transporte urbano, a escasos pasos de esos rincones llenos de anécdotas.
Un semillero a nombre de López Lima

Su consultorio en calle 25 de Mayo 326, una sede que hoy sigue dedicada a la salud, es emblema de una trayectoria que habla por sí sola en Roca. Desde allí, el doctor Francisco López Lima alcanzó un importante rol entre sus vecinos, no por los cargos que ocupó, sino por haberse involucrado con sus vecinos, a quienes atendió tanto en la zona urbana como en la chacras, con dinero y sin dinero para pagar la consulta.
Instalado en el Alto Valle a poco de recibirse, en 1939, aportó al logro de importantes avances en la comunidad, como el primer Colegio Nacional (Nivel Medio), la apertura del primer laboratorio bioquímico y la llegada del primer equipo de Rayos X.
En ese camino, ante la falta de un Hospital local, López Lima primero fundó junto a otros médicos el Sanatorio y Maternidad «Roca», hasta que pudo liderar el esperado nosocomio en cuanto lo habilitaron. Fue uno de los primeros socios del Rotary Club, ejerció la función pública como director de Salud Pública provincial e impulsó la fundación del Aero Club, pensado como espacio para la formación de pilotos, pero también para garantizar los traslados de enfermos en vuelos sanitarios.
Esposo de Dora, con quien tuvieron tres hijos, juntos fueron el semillero de una familia que ya ostenta cuatro generaciones dedicadas a la Medicina y especialidades afines. Después de casi tres décadas en la ciudad, falleció en 1968.
De municipales, hace 80 años
Por último, esta serie de fotografías, muestra los vehículos que entre la década del ’40 y mediados del 1900 constituían el parque automotor del Municipio roquense: el regador, un recolector de residuos y hasta el coche fúnebre.
Máximo De Rosa, emblemático fotógrafo local, fue quien tomó varias de ellas, según lo que permite conocer el sello personal que aún se ve en cada imagen.




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