La
revista “Frutos y Mercados”, publicación
que se editaba mensualmente en Buenos Aires, dedicó
en su número de febrero de 1920, un extenso espacio
a las manzanas de Río Negro. La nota, firmada por el
director de la publicación, Adone Vendemmiati, destacaba
que las manzanas de la zona eran las mejores del país
y podían aspirar a estar entre las mejores del mundo.
“La manzana del Río Negro- afirmaba- llegada
en muy poca cantidad es superior a cualquier otra manzana
del país, a pesar del parecer opuesto de alguno de
los fruticultores mendocinos; y si estas manzanas del Río
Negro fuesen tratadas con mayor cuidado, por lo que a embalaje
se refiere, y si los medios de transporte fueran más
adecuados, los agricultores de aquella zona podrían
alentar el cultivo y adueñarse e imponerse fácilmente
de nuestros mercados... Hemos visto manzanas deliciosas del
Río Negro superiores a muchas manzanas de Norte América”.
La información respondía a una visita que Vendemmiati
había efectuado a la zona durante la temporada y la
misma abundaba en detalles sobre la calidad del fruto y las
deficiencias de la comercialización. Al respecto, afirmaba
que los agricultores que había visitado no tenían
confianza en los consignatarios de los mercados. Sin negar
que en aquel “gremio, había de todo”, aconsejaba
a los chacareros buscar detenidamente a los consignatarios
honestos para hacer sus operaciones.
El artículo, interesante en varios aspectos, permite
visualizar parte del panorama del momento en torno a la incipiente
producción que comenzaba a dar frutos en el Alto Valle.
Se calcula que para entonces la zona contaba con unas 600
hectáreas de frutales, fundamentalmente de manzanas
y peras. Hacía apenas dos años que la empresa
Ferrocarril Sud - interesada en la explotación frutícola-
había abierto en Cinco Saltos su estación agronómica
experimental y buscaba orientar la actividad. Por aquella
fecha esta institución seleccionaba los frutales que
mejor se adaptaban a la zona, atendiendo a las preferencias
de los mercados. Los resultados hasta aquella fecha ponían
en primer lugar a las variedades Red Delicious y William's,
en manzana y pera respectivamente. Cinco años más
tarde, en 1925, merced al impulso modernizador dado a la actividad
por la empresa inglesa, comenzará a exportar manzanas
y peras a Inglaterra de modo regular.
Pero volvamos a 1920. Aquel año la producción
había sido excelente. Mil toneladas de fruta fueron
cargadas en las distintas estaciones del Valle y con destino
al mercado interno.
En el mes de diciembre otro evento servía para hablar
del futuro promisorio que tenía la región. En
Capital Federal, en el local de la Sociedad Científica
Argentina, se efectuaba una disertación acerca de la
evolución agrícola del Alto Valle. La misma
estuvo a cargo del ingeniero Julio Velárdez.
El ingeniero, en conocimiento de los problemas existentes
en torno al riego, la carencia de desagües apropiados
y los problemas en el aspecto de la comercialización
de los productos, pronosticaba que en la zona se iban a multiplicar
las plantaciones de frutales en desmedro de las de alfalfa.
En aquella conferencia se hacía un llamado a los productores
y a los poderes públicos para que encararan estos problemas
que con toda seguridad debían resolver en presente
para evitar males en el futuro. Sin duda sus pronósticos
estaban en la dirección correcta pues poco faltaba
para dar comienzo al “ciclo de la fruticultura”
que - también- trajo consigo nuevos desafíos
a la región.
Susana Yappert |