NEUQUÉN (AN)- Los abogados de la Asociación Zainuco presentarán hoy un pedido de protección para internos de la Unidad 11 que deben declarar en un juicio oral contra 28 policías acusados de torturas.
El juicio, inédito por sus características, comenzará el lunes próximo y terminará el 3 de junio en la Cámara Segunda. Están citados 52 testigos, entre ellos muchos de los que fueron víctimas de una feroz represión desatada en la Unidad 11 entre el 24 y el 27 de abril de 2004.
Entre esos días los miembros del temible Grupo Requisa de la cárcel arrojaron gases lacrimógenos dentro de los pabellones, mojaron a los internos, los golpearon en la planta de los pies con bastones, a algunos les quemaron la ropa y los obligaron a gritar "después de Dios está la Requisa".
Dos de las víctimas, que declararán en el juicio, denunciaron ayer a "Río Negro" que están recibiendo amenazas (ver aparte). Federico Egea, abogado de la Asociación Zainuco -que defiende los derechos de las personas detenidas- dijo que hoy presentará un hábeas corpus preventivo para que les den protección.
La brutal represión de 2004 obligó al gobierno a remover a la cúpula de la Unidad 11. Los hechos habrían comenzado con una protesta de los internos que reclamaban mejores tratos para sus familiares. La noche del 24 de abril de ese año llenaron de gases lacrimógenos a los pabellones 1, 2 y 5. A la noche siguiente volvieron a tirar gas y balazos de goma contra los internos de los mismos pabellones. Luego fueron sacados de sus pabellones esposados y obligados "a adoptar posiciones francamente humillantes", dice el pedido de elevación a juicio formulado por Zainuco, que es querellante en la causa.
Las palizas siguieron la mañana del 26 y la mañana del 27 de abril, cuando a los internos "les asestaron golpes en las plantas de los pies desnudos" con bastones, entre otras agresiones.
A criterio de Zainuco, "el accionar desplegado por los policías revestía una intencionalidad específicamente mortificante, excediendo la mera agresión física para situarse dentro de un plano de sometimiento físico y psicológico".
"La forma de producción y localización de las heridas -agrega- demuestra un mecanismo especialmente pensado para aumentar y dilatar en el tiempo el dolor".
Cuando miembros del equipo de tratamiento penitenciario asistieron a las víctimas, a las pocas horas de la represión, se espantaron por las marcas que los internos tenían en el rostro. Y un jefe de la U11, Manuel Montoya, les dijo burlón que "iba a traer Mary Key para maquillarlos".