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¿Independiente?
Por ALEJANDRO LOAIZA
alejloaiza@yahoo.com
Según el diccionario la palabra independencia
significa: libertad y autonomía y la palabra independiente:
que no depende de otro. La libertad es un claro referente
cuando hablamos sobre algo o alguien independiente. Aunque
siempre es bueno saber de qué o quién no se
quiere depender.
El cine independiente surgió por la necesidad de un
grupo de jóvenes directores que intentaban expresar
libremente sus ideas. Con guiones que incluían planteamientos
nuevos y generalmente no utilizados por las grandes producciones,
estos comenzaron a abrirse paso en la filmografía a
nivel mundial. En la mayoría de las oportunidades la
financiación era a todo pulmón y las pocas monedas
salían de las billeteras de los que estaban envueltos
en el proyecto. Pero esos primeros esbozos de los años
‘60 comenzaron a crecer generando un interés
inesperado en los espectadores.
Las cintas independientes empezaron a comercializarse y a
ser convocadas para participar en festivales logrando así
captar la atención de las grandes compañías
(¡aquellas de las que precisamente querían diferenciarse!)
y de las estrellas que se interesaron en arriesgarse participando
en proyectos con un aura de prestigio que luego eran premiados
y consumidos por un público que desechaba lo comercial.
Como la historia del rock, el cine independiente comenzó
a elaborar un casamiento, quizás sólo por civil,
con aquello a lo que se oponía en sus bases: el poder
de la gran maquinaria cinematográfica basado en éxitos
en cantidad aunque no siempre en calidad.
Alguna vez cerca de los ‘60 el rock surgió como
la voz de una generación que desgranaba mensajes de
libertad tratando de convertirse en la bandera de una juventud
cansada de no estar representada. Eran argumentos nuevos en
contra del establishment combinados con un sonido distinto,
que se escuchaba con el volumen alto para expresar mejor la
rabia de esta franja de la sociedad poco respetada. Pero el
rock comenzó a ser popular y el aire de libertad se
intoxicó poco a poco. Las grandes empresas se lanzaron
sobre el discurso y los contratos millonarios se firmaban
por doquier. Los Beatles y los Rolling Stones, entre otros,
cambiaron sus vestimentas de entre casa para lucir sus nuevos
atuendos populares (y comerciales).
Se puede realizar un paralelismo entre el rock y el cine independiente
aunque a años luz en cuanto a cantidad de consumidores
y dinero. Desde los primeros esbozos de esta cinematografía
ha pasado mucho tiempo. Los grandes estudios han generado
subdivisiones en sus senos con el fin de producirlos y de
acercarse a ese grupo de espectadores que, también
lentamente, dejo de ser selecto.
Uno de los primeros signos de aviso del crecimiento fue la
creación del Festival Sundance donde compiten películas
producidas en diferentes lugares del mundo que atraen a compradores
y estrellas a su alfombra roja. Precisamente el creador del
mismo es una de las mayores estrellas de Estados Unidos, Robert
Redford.
Las cosas comenzaron a cambiar y dos filmes transformarían
al cine independiente en un gran negocio. Por un lado “El
proyecto Blair Witch” (1999) con una campaña
que aún hoy sigue considerándose engañosa.
Apoyada en la supuesta publicidad del “boca a boca”
lanzada a través de internet, la película que
sólo costó un puñado de dólares,
recaudó millones convirtiéndose en un largometraje
de culto. Por el otro “Mi gran casamiento griego”
(2002) en el que Rita Wilson como productora (apoyada en el
dinero de su marido, Tom Hanks) decidió llevar al cine
la obra que una actriz desconocida, Nia Vardalos, interpretaba
en un teatro del Off Broadway. La comedia se transformó
en la película independiente que más dinero
recaudó en los cines estadounidenses y en un suceso
que erigió a Vardalos al podio de estrella. Entre estos
éxitos (y tantos otros) las productoras independientes
yanquis siguen entregando filmes de todo tipo en una cinematografía
que parece no poseer límites estilísticos. Como
en las ligas futbolísticas en las que los pequeños
equipos sueñan con llegar a grandes torneos acá
también ocurre aunque aún están aquellos
que prefieren la libertad de expresarse. Porque son conscientes
de que en la cima nadie puede ser libre, aunque lo intente.
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