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Jueves 27 de octubre de 2005
   Cultura y Espectaculos

¿Independiente?

Por ALEJANDRO LOAIZA

alejloaiza@yahoo.com

Según el diccionario la palabra independencia significa: libertad y autonomía y la palabra independiente: que no depende de otro. La libertad es un claro referente cuando hablamos sobre algo o alguien independiente. Aunque siempre es bueno saber de qué o quién no se quiere depender.


El cine independiente surgió por la necesidad de un grupo de jóvenes directores que intentaban expresar libremente sus ideas. Con guiones que incluían planteamientos nuevos y generalmente no utilizados por las grandes producciones, estos comenzaron a abrirse paso en la filmografía a nivel mundial. En la mayoría de las oportunidades la financiación era a todo pulmón y las pocas monedas salían de las billeteras de los que estaban envueltos en el proyecto. Pero esos primeros esbozos de los años ‘60 comenzaron a crecer generando un interés inesperado en los espectadores.
Las cintas independientes empezaron a comercializarse y a ser convocadas para participar en festivales logrando así captar la atención de las grandes compañías (¡aquellas de las que precisamente querían diferenciarse!) y de las estrellas que se interesaron en arriesgarse participando en proyectos con un aura de prestigio que luego eran premiados y consumidos por un público que desechaba lo comercial.


Como la historia del rock, el cine independiente comenzó a elaborar un casamiento, quizás sólo por civil, con aquello a lo que se oponía en sus bases: el poder de la gran maquinaria cinematográfica basado en éxitos en cantidad aunque no siempre en calidad.
Alguna vez cerca de los ‘60 el rock surgió como la voz de una generación que desgranaba mensajes de libertad tratando de convertirse en la bandera de una juventud cansada de no estar representada. Eran argumentos nuevos en contra del establishment combinados con un sonido distinto, que se escuchaba con el volumen alto para expresar mejor la rabia de esta franja de la sociedad poco respetada. Pero el rock comenzó a ser popular y el aire de libertad se intoxicó poco a poco. Las grandes empresas se lanzaron sobre el discurso y los contratos millonarios se firmaban por doquier. Los Beatles y los Rolling Stones, entre otros, cambiaron sus vestimentas de entre casa para lucir sus nuevos atuendos populares (y comerciales).


Se puede realizar un paralelismo entre el rock y el cine independiente aunque a años luz en cuanto a cantidad de consumidores y dinero. Desde los primeros esbozos de esta cinematografía ha pasado mucho tiempo. Los grandes estudios han generado subdivisiones en sus senos con el fin de producirlos y de acercarse a ese grupo de espectadores que, también lentamente, dejo de ser selecto.


Uno de los primeros signos de aviso del crecimiento fue la creación del Festival Sundance donde compiten películas producidas en diferentes lugares del mundo que atraen a compradores y estrellas a su alfombra roja. Precisamente el creador del mismo es una de las mayores estrellas de Estados Unidos, Robert Redford.


Las cosas comenzaron a cambiar y dos filmes transformarían al cine independiente en un gran negocio. Por un lado “El proyecto Blair Witch” (1999) con una campaña que aún hoy sigue considerándose engañosa. Apoyada en la supuesta publicidad del “boca a boca” lanzada a través de internet, la película que sólo costó un puñado de dólares, recaudó millones convirtiéndose en un largometraje de culto. Por el otro “Mi gran casamiento griego” (2002) en el que Rita Wilson como productora (apoyada en el dinero de su marido, Tom Hanks) decidió llevar al cine la obra que una actriz desconocida, Nia Vardalos, interpretaba en un teatro del Off Broadway. La comedia se transformó en la película independiente que más dinero recaudó en los cines estadounidenses y en un suceso que erigió a Vardalos al podio de estrella. Entre estos éxitos (y tantos otros) las productoras independientes yanquis siguen entregando filmes de todo tipo en una cinematografía que parece no poseer límites estilísticos. Como en las ligas futbolísticas en las que los pequeños equipos sueñan con llegar a grandes torneos acá también ocurre aunque aún están aquellos que prefieren la libertad de expresarse. Porque son conscientes de que en la cima nadie puede ser libre, aunque lo intente.

 

 

 

 

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