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Jueves 27 de octubre de 2005
   Cultura y Espectaculos

El héroe que votó a Bush

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Keanu Reeves lidera el elenco de la exitosa producción americana.

El mundo está cambiando y hoy, más que nunca, necesita héroes. Estados Unidos también está en un proceso de transformación y, por ende, quiere que estos expresen ese cambio y puedan luchar contra aquello que lo ponga en peligro. Después del atentado a las Torres Gemelas el país del Norte comenzó a edificar, de la mano de su líder (¿héroe?) George Bush, un camino de regreso a su historia, recuperando sus principios conservadores y comenzando un período que asombraría a parte de su población y al mundo entero. Este "renacer" está hambriento de salvadores que lo justifiquen y apoyen y Hollywood está dispuesto a hacer los sueños del presidente realidad.

Así llega "Constantine", basada en un antiguo comic de DC/Vertigo, en la que el protagonista debe luchar contra los demonios, que vienen al planeta en busca de víctimas, para devolverlos al infierno. El mundo se encuentra a la deriva ya que Dios y el diablo han jugado una apuesta para ver si triunfa el bien o el mal y, para lograr su objetivo, envían ángeles y demonios para que le brinden a la gente un "empujoncito" hacia su lado.

John Constantine (Reeves) tiene el don de verlos y por no soportarlo, decidió quitarse la vida cuando era un adolescente. Pero como no era su momento fue devuelto de la abrasiva morada del diablo (el lugar donde supuestamente van todos aquellos que deciden suicidarse) y entonces se dedica a erradicar demonios con el propósito de ganarse un lugar en el tan bien publicitado paraíso. El los ve a todos como híbridos sexuales, y el ejemplo presentado es el ángel Gabriel que habita un cuerpo de mujer (Tilda Swinton) y que, desde un principio, se deducirá que reside en él o ella la semilla de la maldad. De esta forma la ambigüedad sexual será parte fundamental de aquellos que quieren dañar el mundo y nuestro héroe, como buen ciudadano americano (y conservador) deberá luchar contra ello.

Constantine no hace este acto por nadie en especial, sólo por sí mismo y no espera una gratificación a cambio. El es rudo, solitario y displicente hasta que aparece la oficial Angela Dobson (Rachel Weisz) que quiere investigar la misteriosa muerte de su hermana melliza, aparentemente un suicidio. Desde ese encuentro la afinidad entre ellos crecerá y compartirán la búsqueda de respuestas donde la acción y algunos secretos revelados ayudarán a que la historia transite caminos interesantes.

Con buenas actuaciones (especialmente Weisz y Djimon Hounsou en un papel secundario al que le brinda su habitual profesionalidad), una excelente factura técnica con pasajes similares a video clips y una atmósfera opresiva, la película no decepcionará a amantes del género y, al mismo tiempo, depara un buen futuro como realizador a su director, Francis Lawrence.

A pesar de esto, el mensaje de intolerancia que la transita llegará a su cúspide con la aparición del diablo (Peter Stormare) decididamente gay que parece más enamorado del protagonista que dispuesto a cumplir su función. Y el mal está presente en esta ambigüedad sexual que el Reeves deberá erradicar de la tierra para que todos vivamos en paz y podamos ir al paraíso cuando llegue el momento. Un mensaje conservador que explica el proceso que vive Estados Unidos y del que Hollywood no podía quedar afuera. (AL)

 

 

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