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Después de siete décadas, salen a la luz reliquias de los pioneros de la ex YPF
Hay dos relojes de bolsillo de oro y uno de plata, además de un crisol de platino. Pertenecían a extranjeros que vinieron a trabajar a principios del siglo XX.
 | | El reloj de bolsillo de oro del yugoslavo Petrinovich, uno de los pioneros de la empresa petrolera en la región | NEUQUEN (AN).- Roberto Cerda pierde la mirada e imagina a los hombres y mujeres que le dieron vida a la vieja YPF. Piensa, viaja, y estaciona en la añeja y polvorienta comarca petrolera, donde ahora se erigen Cutral Co y Plaza Huincul. "Los veo paseando un domingo o un feriado, con sus galas, luciendo sus relojes de oro en el bolsillo de adelante, los imagino yendo a una confitería o a lugares públicos", recrea el tesorero de la regional neuquina de Repsol-YPF. Roberto, de 54 años, no cree que su acción justifique la divulgación masiva y le cuesta soltarse. Considera que sólo cumplió con su deber. Sin despojarse del pudor destaca la gestión de todas las personas que lo antecedieron y -en primer lugar- ubica a su compañera Gladys Ortega. Entre todos cuidaron el patrimonio de gentes idas y sin proponérselo aportaron a una parte de la historia de la empresa que, de alguna manera, también es la historia del petróleo y del origen de la región. "Son muchos los que pasaron por acá y todos han sido muy honestos. Estas cosas eran la leyenda de la tesorería", destaca el hombre que trabaja en la empresa desde 1970. Ellos (Cerda y Ortega) fueron el último eslabón de una historia que comenzó hace casi 70 años cuando la entonces empresa estatal tenía como práctica custodiar los bienes de muchos extranjeros o criollos que llegaron a la región, en la génesis de la actividad petrolera. En la década del 30 -explican en la empresa- buena parte de la mano de obra calificada había llegado a la Argentina en barcos del viejo mundo. Y en tren al páramo que el 23 de octubre de 1918 había visto brotar petróleo del mítico pozo 1. El trabajo más pesado lo hicieron los reclusos pero en la organización era clave el personal capacitado. "Si nos ubicamos en aquella época, tenemos que pensar que Argentina no tenía escuelas ni universidades para formar cuadros técnico-profesionales; por lo que era común que llegaran muchos extranjeros", explica Roberto Villa, el encargado de Relaciones Institucionales de la empresa española. Por entonces, el asentamiento ypefiano estaba constituido de enormes pabellones que alojaban a los solos/as y solteros/as. Aquellos hombres y mujeres dejaban sus bienes más preciados a resguardo en las cajas fuertes de la empresa. A más de 65 años del fallecimiento de esos empleados, sus bienes se mantuvieron intactos y protegidos. Nunca nadie reclamó por ellos. "Creo yo que eran bienes de familia, relojes que han traído de Europa y que posiblemente valían mucho más que su cotización, cosas que tenían un valor sentimental o emocional", agrega Villa. Año tras año, todos y cada uno de los tesoreros mantuvieron las piezas, documentos, cheques, dinero moneda nacional y hasta acciones que hoy lucen amarillas. El pequeño tesoro estuvo por los menos 66 años (así lo data el fallecimiento de una depositante) dentro de la misma caja fuerte, saltando de mano en mano y de inventario en inventario. Dos relojes de oro, uno de plata, un crisol de platino, dinero, anillos de oro, documentos y acciones de la obra social de la por entonces empresa estatal. Parece observar el presente la imagen del yugoslavo Juan Petrinovich, fallecido el 3 de febrero de 1940. Era el dueño de un delicado reloj de bolsillo de oro. El hombre de postura elegante y corbata de moño (según se adivina en una foto de medio cuerpo) dejó también sus documentos y algunas acciones. Las agujas del aparato se clavaron a las siete y cuarto. A su lado, sin fotos, están las pertenencias de un italiano llamado Lorenzo Pugni que dejó a cuidar un reloj de plata Marconi, un cheque y valores que ya no son. Casi en un rincón de la vitrina -que se exhibe en forma interna en la oficinas que la empresa tiene en la calle Talero de esta ciudad- está el anillo de oro que perteneció a Salustina Sosa, un mujer española que también dejó algunos billetes. Lo más llamativo, sin embargo, es un crisol de platino que hasta hace poco "no sabíamos para qué se lo pudo haber usado", ilustra Villa. Tras la decisión de exhibir las piezas y luego de algunas consultas supieron que era valiosa pieza del laboratorio de geología, ya en desuso. Todo está tal cual. Nadie tocó nada. "Cuando lo recibí pensé en la importancia que tenía todo esto, y me propuse cuidarlo especialmente. Ahora tenemos que cuidarlo entre todos", cierra Roberto Cerda, satisfecho.
Rodolfo Chávez
rchavez@rionegro.com.ar
La caja fuerte de los secretos
NEUQUEN (AN).- La vieja caja fuerte
de algo más de un metro y medio se abre con una combinación
de números, que van o vienen a la derecha o a la izquierda.
La combinación está solo en la cabeza de Gladys
Ortega y en la de su compañero Roberto Cerda. Allí,
desde hace mucho, no se guardan valores pero la práctica
se mantiene firme.
En esa caja blindada, desde hace
unos 70 años están los bienes que ahora se exhiben
en una vitrina ubicada en uno de los pasillos del complejo
neuquino de Repsol.
"La teníamos en Plaza Huincul
y la guardábamos dentro de una bóveda gigante que
era como una habitación. Cuando hicimos la mudanza, trajimos
todo para acá", recuerda Cerda.
Roberto Villa dice que hace un
tiempo "cuando vi la caja fuerte les pregunté qué
guardaban ahí, porque no manejamos dinero. Me explicaron
que había documentación general y que además
estaban estos bienes. La verdad que no lo podía creer".
Uno de los relojes es de fabricación
italiana y su marca es Marconi Special. En tanto que el crisol
de platino no tiene marca pero su peso está registrado
para su identificación: 22 gramos.
Tras la revelación que le
hicieron a Villa, luego de hacer las consultas del caso, se
definió sacar los elementos de la caja fuerte y exponerlos
a todo el personal.
Los bienes estaban dentro de un
sobre de tela, cada uno de los cuales tenía el nombre
y el apellido del propietario. Las acciones serían de
una cooperativa de la empresa porque Yacimientos Petrolíferos
Fiscales (YPF) cuando era estatal no emitía acciones.
Todos los nombres
NEUQUEN (AN).- Junto a los bienes
que le dan forma al pequeño tesoro, hay una nómina
con los nombres de las personas que los preservaron desde
la década del 30 hasta la fecha.
Se trata de un justo reconocimiento
a los empleados que pasaron por la tesorería de la empresa.
Todos ellos mantuvieron intacto los valores dentro de la caja
fuerte de la tesorería que funcionó en Huincul y
que ahora está en Neuquén.
Roberto Cerda pide que se los nombre
a todos y cada uno y sobre todo destaca a Mabel Estévez
de Fuentealba. Junto a ese nombre figuran José Maraury,
J. Martínez, Atilio Dipauli, Ricardo Arancibia, Eduardo
Rubilar y Clelia Colimán. Se trata de tesoreros y subtesoreros
de YPF en sus distintas versiones desde su origen hasta la
privatización y su venta a Repsol.
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