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Fantasmas
Se alimentan de la indiferencia general, también de la confusión y la ambigüedad. Cualquier gesto equívoco les alarga la vida. Los fantasmas existen. Y esta semana sobrevolaron, y preocuparon, en los pasillos del municipio. La alarma llegó desde el Norte, luego del sofocón que pasó la alcaldesa de la ciudad norteamericana de Aspen, Helen Klanderud, al verse obligada a explicar por qué tenían como "ciudad hermana" a un lejano y pintoresco centro turístico argentino que está sindicado como "refugio de fugitivos nazis". El origen de la cuestión hay que rastrearlo en la módica trascendencia internacional que ganó "Bariloche Nazi. Sitios históricos relacionados con el nacionalsocialismo", una publicación firmada por el periodista local Abel Basti que propone un raid en clave turística por lugares donde supuestamente vivió y se entretuvo Hitler durante su jamás comprobado exilio patagónico. Al parecer, la pretendida "investigación" va en camino de convertirse en un éxito de ventas y en base a una serie de trucos precodificados consiguió ganar la atención de medios europeos, que en estos días llamaron a sus colegas barilochenses pidiendo "fotos de la casa del führer". Otros diarios, como Página 12, se permitieron un análisis más profundo y descubrieron que la guía nazi es "una desprolija y mal escrita recorrida por las direcciones de vecinos barilochenses más que reales", como las del ex SS Erich Priebke (hoy preso en Roma) o el también criminal de guerra ya fallecido Juan Mahler-Kops, mezcladas con las atractivas referencias a Hitler. En una nota publicada en su suplemento dominical del 14 de marzo el diario porteño observa que el escrito de Basti no es más que "un interesado eco" de "El escape de Hitler", un libro del norteamericano Patrick Burnside que ya había recreado de manera "confusa y vueltera" el atractivo y novelesco mito sobre la presencia del ex jefe supremo de la Alemania nazi por estas costas. Como era de suponer, los concejales y el intendente se sintieron presionados a dejar constancia una vez más de que la ciudad no es un enclave donde abundan las simpatías por el nacionalsocialismo. Si bien es cierto que en tiempos de Perón, Bariloche -como otras muchas ciudades de la Argentina- se convirtió en tranquila morada de varios nazis que lograron huir de Europa luego de la II Guerra, nunca hubo entre los residentes de la ciudad un pensamiento generalizado que reivindique sus crímenes. Pero al tratarse de un tema tan sensible, es difícil de encontrar el equilibrio. El intendente Icare comprendió que ignorar el revuelo podía ser leído como una tolerancia sospechosa con los responsables del Holocausto (algo de eso le pasó a su colega norteamericana). Pero salir al ruedo con una declaración pomposa era darle más aire a una burbuja insostenible. Optó entonces por cargar contra el periodista autor de la guía y dejó entrever que la polémica resucitada sobre el Bariloche nazi parece tener poco de casual y mucho de montaje premeditado, con un fuerte interés comercial como telón de fondo. Cuando le pusieron los micrófonos, Icare aseguró que los vecinos de Bariloche "rechazan todo tipo de violencia y discriminación" y opinó que la controvertida guía era sólo "un embate más del sensacionalismo". Tampoco el Deliberante se prestó al juego. En el entendimiento de que había "un clima creado" para mantener el contrapunto de titulares de prensa a cualquier costo, su presidente Marcelo Cascón, se limitó a buscar y citar dos resoluciones emitidas por el cuerpo en 1994 (con el caso Priebke en el candelero) y en 2003 (cuando el ex SS fue reivindicado por el rector de la Universidad Fasta, Aníbal Fosbery) condenando al nazismo y cualquier ideología afín. El mensaje de ambos fue el mismo: no es necesario salir a demostrar a cada momento que Bariloche no es un paraíso nazi.
Daniel Marzal
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